jueves, 27 de febrero de 2020

HELENE FLOOD: "La psicóloga"

Ojos cerrados y la mente en blanco



La psicóloga Helene Flood. / JOSÉ RAMÓN LADRA


La noruega Helene Flood presenta su novela 'La psicóloga' en una sesión de mentalismo que descubrió algunos secretos del cerebro


Pruebe a hacer esto en su casa, siguiendo los pasos que detalla el mentalista Juanma González: cierre los ojos, extienda las manos a la altura de los hombros y cruce los dedos. Y entonces, levante los índices. Si está concentrado, las yemas de esos índices se convertirán en dos imanes que usted ya no podrá separar. O intente pensar en la última vez que volvió a casa en autobús: lo hizo, de eso no hay duda, pero es probable que ahora no sea capaz de recordar qué vio y qué escuchó durante su trayecto.
Así funciona la mente, capaz de disociarse del cuerpo. «Una vivencia apenas dura unos segundos, pero en nuestra mente se convierte en recuerdos. Y sin embargo, esos recuerdos cambian con el tiempo y dudamos de ellos», explica Juanma González, que ayer sorprendió en Madrid a unos cuantos voluntarios que quisieron profundizar en los mecanismos menos conocidos del cerebro.
La mente es un territorio casi ignoto que juega con los recuerdos y el miedo, y el miedo es un excelente material literario para novelas como 'La psicóloga' (Planeta), el estreno en el mundo de la literatura de adultos de la psicoterapeuta noruega Helene Flood (1982), que aunque no ha publicado un libro autobiográfico, sí ha utilizado su experiencia profesional (se doctoró con una tesis sobre la violencia, la revictimización y la culpa postraumática y también es experta en el sentimiento de la vergüenza) para construir uno conjunto de personajes que se mueven en la fina línea entre la verdad y la mentira.
Sara, la protagonista de este 'thriller', tiene que afrontar la extraña desaparición de su marido, Sigurd, que vive una doble vida y cuya ausencia evocará los peores fantasmas de la infancia de la esposa.
Las consultas de los psicólogos son lugares de confesiones y estos profesionales comparten con los sacerdotes el secreto profesional. «Es un trabajo muy solitario», afirma Flood. «Quienes acuden al diván de los psicólogos nos cuentan sus problemas, aunque todos sabemos que nadie dice la verdad completa, y nosotros tenemos que tener perspectiva para tratarlos. Pero ¿qué ocurre cuando los psicólogos son los que tienen problemas?», se pregunta Flood.
«Existe una supervisión para cada psicoterapeuta», continúa la autora. «Todos tenemos un colega-consejero con el que volcamos nuestros secretos. Es una figura imprescindible en nuestra profesión porque nos permite un desahogo emocional. Si no la tuviéramos, cargaríamos sobre nuestros hombros con todo el peso de los pacientes».

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